martes, 24 de agosto de 2010

Di María muestra el camino a 'Mourinho' R.Madrid 2 Peñarol 0

Garabato tras garabato, José Mourinho anduvo todo el partido con la libreta a cuestas. Ese utensilio que popularizó Louis Van Gaal y que ahora es el vademecum del portugues. 'Sin ti no soy nada', le cantaba Mou a la libreta cual Amaral, mientras repartía hojas sueltas a un atónito Karanka. "En mi currículum no puse nada de administrativo", pensaba para sus adentros el alavés.
Hace tres meses, Mou conquistó en el Santiago Bernabéu la final de la Champions con el Inter de Milán gracias a un equipo conjuntado, fuerte, que imponía a sus rivales. Ahora, en agosto, 'the special one' tiene ante sí a un conjunto deshilachado, diluido, con mucho trabajo por delante. Con muchos buenos jugadores, pero pocos imprescindibles. Y eso es un problema.
El Real Madrid se impuso al Peñarol porque tiene mejores futbolistas [Narración]. Pero la cuestión es por dónde va a tirar Mourinho, en quién va a confiar para tratar de derrocar al Barça. Que al fin y al cabo es para lo que le han contratado. Porque las sensaciones que dejó el equipo fueron bastante mediocres, arrastrando problemas de la pasada campaña que servían para ganar a un Tenerife sin despeinarse, pero que en Europa no te dejaban pasar de octavos de final.
El Madrid de la primera parte defraudó. Özil saltó al terreno de juego desfondado físicamente, y desde el minuto uno ya le faltaba oxígeno.Canales, más voluntarioso, tendía demasiado al centro, mientras que Ronaldo e Higuaín seguían en su particular 'yo soy mejor, no yo' y se perdían en acciones individuales. Khedira y Xabi Alonso, al menos, apuntaron maneras de buen ensamblaje.
En la segunda mitad aparecieron por el terreno de juego Pedro León y Di María, y el escenario cambió. No porque estén llamados a liderar el nuevo orden del fútbol mundial, sino que por sus características se escoraron a las bandas, y oxigenaron al Madrid. A pesar de que Mourinho repite una y otra vez que Cristiano juega mejor por la izquierda, el portugués ralentiza el juego cuando engancha el balón por banda. Es imposible que CR9 la dé de primeras, siempre tiene que poner un toque marca de la casa, una frivolité, y termina por aminorar el ritmo del resto del equipo. Arriba, pilla el balón y lo empotra contra la portería.
Di María anotó un gran gol. Se le ven formas al argentino; es rápido, combinativo y tiene disparo, como el que se sacó después de tumbar con un doble giro a un defensa rival mediada la segunda mitad. En el descuento, Van der Vaart prácticamente se despedía de la grada con un gol de penalti.
Mourinho tiene mucho trabajo por delante. Por muy sabio y 'special one' que sea, es evidente que se enfrenta a una hercúlea labor. Tiene una gran plantilla a su disposición, pero escasos jugadores franquicia. Cuatro, para más detalle. Casillas, Ramos, Xabi Alonso y Cristiano Ronaldo son los puntales de su proyecto. El resto son satélites.
Pero, a diferencia de la plantilla de la que dispuso Pellegrini, este año el Real Madrid cuenta con jugadores de banda como Di María o Pedro León para abrir el campo. Entre los borrones y borrones que saturaron su libreta, se pudo percibir que los bordes, las bandas, eran las zonas más remarcadas por Mourinho, mientras Karanka esperaba temblando la llegada de una nueva hoja arrancada del bloc.
'Cristiano recibe muchas hostias'
José Mourinho es una estrella que no tiene pinta de apagarse nunca. El entrenador ha sido el fichaje 'galáctico' de la temporada, recibió la ovación más potente de la noche y su intervención en la sala de prensa tras el partido fue de las que hacen historia, aunque uno empieza a caer ya en la cuenta de que todas sus apariciones ante los periodistas son siempre espectaculares. Y no es que diga locuras o se ponga a dar brincos. Todo lo que dice es con sentido.
Lo bordó al solicitar a los árbitros "respeto" para Cristiano Ronaldo. Vino a cuento de que el delantero bien pudo haber sido expulsado en la primera parte por lanzar una patada a Sosa, que levaba tiempo intentando quedarse con parte de su camiseta y de su espalda. 'CR7' estaba harto. Hay que recordar que el año pasado también se hartó un par de veces, y que las dos veces le echaron a la calle. "Cristiano no es débil, es muy fuerte, y tiene una cultura británica que le impide arrugarse. Él no rehúye la pelea. Pero me gustaría saber cuántos de esos llamados artistas de esta Liga, por ejemplo, reciben tantas tarjetas como él. Y éstos son los que se tiran 'a la piscina'. Cristiano es noble, y lo que yo creo es que los árbitros deberían tener cultura futbolística para saber de qué va realmente Cristiano. Yo nunca voy a decirle nada en este sentido, porque él es como es".
A Cristiano le vio brillar y quejarse otro de los que en su día se pegaron con el más pintado. Fue Alfredo di Stéfano, otro que se las tuvo que ver con los árbitros, pero cuyo fútbol superó cualquier trampa. Di Stéfano, sentado a la derecha de Florentino Pérez, lo miró todo muy atento y muy flaquito, y en sus ojos se adivinó algo de cansancio, aunque éste es de los que siempre peleó más allá y más fuerte que los demás. No hay otros ojos como los suyos; son los ojos del Madrid. El mejor de todos los tiempos acudió al campo, y verle allí, en su casa, fue una de las grandes, si no la más grande, alegrías de una velada sin mucho más.
Así que Mou sigue viendo a su Madrid sin perder, pero tiene cosas en las que pensar. Muchas quizá, según dejó entrever. Lo primero es que tiene un suplente menos para su centro del campo. Es Gago, que apenas estuvo 10 minutos sobre el campo porque se llevó una patada de tomo y lomo. El argentino, que estaba en la lista de vendibles, sufre un esguince del ligamento lateral en su rodilla izquierda, lo que le deja seguro en el club. Algo es algo.
Mou también dejó claras otras cosas: que quiere a Van der Vaart (Rafa le llama él) y que Lass Diarra es su segundo lateral derecho: "No le gusta jugar ahí, pero a mí sí". El técnico portugués incidió en la idea que ya apuntó en la pretemporada, y que habla del tiempo, del que no tiene para que la construcción del equipo sea la correcta: "Es posible que en el primer partido de la Champions estemos jugando contra el Chelsea y aún no haya podido trabajar tres días seguidos con todos mis jugadores". Lo dice él porque le encanta trabajar duro, y el programa de festejos de la FIFA se lo está poniendo realmente complicado.

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