sábado, 3 de julio de 2010

Nueva frustración para Messi

No llegó a explotar
Llegó a Sudáfrica como el mejor del mundo, pero Lio Messi de nuevo dejó el Mundial en 4tos. Figura en el debut, no hizo goles ni logró hacer brillar a Argentina
CIUDAD DEL CABO -- Se suponía que fuera el Mundial de Lionel Messi, su oportunidad dorada para finalmente brillar con la selección argentina como lo hace con el Barcelona.
En cambio, terminó en otra decepción mayúscula.
Maradona había previsto que el del 2010 fuera un Mundial como el de 1986. Y en el papel de Maradona había puesto a Lionel Messi, el hombre determinante, el que debía aupar a Argentina a su tercera Copa, el que debía desatascar el juego albiceleste cuando las cosas se pusieran complicadas.
Messi se despidió de Sudáfrica sin anotar ningún gol y con la cara pintada de frustración al sucumbir el sábado 4-0 ante Alemania en los cuartos de final del torneo.
Es el segundo Mundial consecutivo en el que Messi dice adiós en los cuartos de final, y nuevamente el verdugo es Alemania. Hace cuatro años, sin embargo, el delantero fue dejado en la banca en el partido en el estado Olímpico de Berlín.
La Pulga llegó a Sudáfrica consagrado como el mejor jugador del planeta, una fuerza imparable en su club español y llamado a ser la gran figura del torneo.
Aunque tuvo sus momentos brillantes, especialmente en la primera ronda, los goles nunca llegaron.
Pero el de Rosario no apareció el día más importante, cuando su equipo escalaba la montaña más difícil, cuando más falta hacía su presencia. Messi dejó huérfana a Argentina y Alemania le humilló.
Sus lágrimas en el césped al término del partido, siendo consolado por el propio Maradona, mostraban la decepción que sentía en su corazón, en el Mundial en el que debía eclosionar como jugador planetario, en el que debía colmar la deuda de títulos que tiene con la selección.
El barcelonista deja el Mundial sin haber marcado. Lo intentó todo en los cuatro primeros partidos, regaló tantos a sus compañeros, fue el hombre encargado de abrir las defensas adversas, el más brillante. Pero no marcó.
En el quinto fue menos determinante. Estuvo perdido entre líneas, gozó de menos espacios, más inteligentemente vigilado por un dispositivo táctico que acabó por secarle.
Ante Alemania apenas apareció. Algún que otro fogonazo, esporádico, descosido, pero sin peligro, sin el calor de otros días en los que, cuando se ataba la pelota al pie, rugían los estadios, se avivaban las vuvuzelas, se sentía el olor a gol.
Un gol que no llegó de sus pies pero sí de los de sus compañeros. Porque sin marcar ningún tanto, de sus pies llevó a Argentina a ser el máximo goleador de la primera fase, que se acabó con un pleno de victorias.
Y a superar con soltura los octavos ante México, que se llevó tres goles. Y a presentarse en cuartos con diez dianas, una verdadera gesta ofensiva, más que ningún otro equipo, más poder en ataque que nadie.
Se estrelló contra los palos, contra inspirados porteros, sobre todo el de Nigeria, contra esos centímetros que separan la gloria de un simple amago, contra la injusticia de quedarse sin marcar pese a que lo intentó más que nadie.
El portero nigeriano Vincent Enyeama le negó varias dianas cantadas en el primer partido, una victoria 1-0 de Argentina en la que Messi fue por mucho el mejor de la cancha.
Sus endiabladas gambetas y visión de juego estuvieron en su máxima expresión en el triunfo 4-1 sobre Corea del Sur, en el que participó en casi todos los goles. Pero, nuevamente, tuvo la pólvora mojada.
No se preocupen, el gol llegará, repetían desde la Albiceleste.
El festejo tampoco llegó en el 2-0 sobre Grecia para cerrar la primera fase, en la que a sus entonces 22 años Messi se convirtió en el argentino más joven en llevar la cinta de capitán. Dos días después cumplió 23.
Los griegos descubrieron la fórmula para al menos contener al dínamo de Rosario: una celosa y, por momentos, dura marca que provocó las repetidas quejas del técnico argentino Diego Maradona.
Todavía sin el ansiado gol de Messi, Argentina derrotó 3-1 a México en los octavos de final, en otro partido en el que la defensa no se guardó nada a la hora de entrarle fuerte al ariete. Nuevamente se airearon las quejas de Maradona sobre el arbitraje.
Y lo peor llegó al final. Alemania, esta vez sin tener que recurrir a las repetidas faltas, le cerró las avenidas a Messi, lo aisló de sus compañeros, y el delantero ni siquiera pudo rematar con claridad al arco.
Pero Sudáfrica marcará la reconciliación de Messi con la albiceleste. Su compromiso con el equipo, su determinación en los cuatro primeros partidos acallaron a quienes le acusaban de no estar con la selección a la altura que mostraba en el Barcelona.
Los que durante la fase de clasificación para el Mundial le achacaron falta de compromiso tendrán dificultades para mantener sus argumentos.
Porque en Sudáfrica Argentina fue de Messi y su ilusión duró lo que aguantó el empuje del rosarino.
Le faltó aparecer en el día más importante, cuando todos le esperaban vestido en el traje del héroe que Maradona le había reservado. El de él mismo hace 24 años.
Las lágrimas mientras se retiraba del terreno de juego tras el pitido final, que secaba con su propia camiseta, el consuelo de Maradona, fueron la última imagen de un Messi que se despidió del que iba a ser su mundial llorando... y sin marcar.
A sus 23 años, el futuro de la selección todavía está cifrado en la zurda maravillosa de Messi, quien llegaría al Mundial de 2014 en plenitud de condiciones.
Resta por ver si, para entonces, se sacude la mala racha que arrastra con la selección mayor, con la que tuvo una gris eliminatoria sudamericana y perdió la final de la Copa América de 2007 ante Brasil.

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